Con M, contra M –desde las fisuras
Primero, Catherine Walsh sobre la opción decolonial (luego, lo que esto pueda significar para la lectura del párrafo 16):
The decolonial, of course, is not a new condition to be rendered, implemented, or achieved by government, nor could it ever be a project of structures and institutions that retain the governance mold of vertical authority, control, and power. To think then that governments can achieve or even provoke decolonization without radically transforming first the very notions of authority and power is a fallacy that even Evo Morales is making clear. The decolonial comes not from above but below, from the margins and borders, from the people, communities, movements, collectives who challenge, interrupt, and transgress the matrices of colonial power in their practices of being, action, existence, creation, and thought. The decolonial, in this sense, is not a fixed state, status, or condition; nor does it denote a point of arrival. It is a dynamic process always in the making and re-making given the permanence and capacity of reconfiguration of the coloniality of power. It is a process of struggle not just against, but also more importantly for—for the possibility of an otherwise. A process that begets movement, invites alliance, connectivity, articulation, and interrelation, and strives for invention, creation, and intervention, for radically distinct sentiments, meanings, and horizons. (Pedagogical Notes from the Decolonial Cracks)
Recientemente me he cuestionado la lectura del párrafo 16 en clave emancipatoria que antes expuse. Particularmente, he sentido una creciente incomodidad con las implicaciones de una emancipación con respecto a lo que llamé las limitaciones a las condiciones socio-antropológicas y económicas de la historia humana. Si antes dije que para Marx el pleno desarrollo humano se hace con el des-hacer las limitaciones culturales y materiales sobre la vida, ahora, diciéndolo con Walsh, me cuestiono la posibilidad misma de tal des-hacer –¿es posible la religión sin las formas de la religiosidad?
Aquí, intentando leer con Marx, contra Marx, se hace necesario el ataque centrípeto -desde las fisuras- a la ontología de la plenitud. Hay ahí un problema que requiere un abordaje que no me es posible ahora. Lo que puedo hacer, en cualquier caso, es volver sobre el párrafo de Walsh: si las comunidades de Abya-Yala han posicionado el buen vivir al punto de volverlo –aunque ya, de alguna manera, reconfigurado por la matriz colonial del poder– principio regente en la constitución ecuatoriana, ¿cómo contrastar la plenitud y el buen vivir en vista de la emancipación?
Lo que la lucha por el buen vivir nos ha enseñado hasta ahora -o al menos así lo hace ver Walsh- es que la opción por lo decolonial no pretende establecer una nueva condición a ser modelada, implementada o alcanzada por un gobierno, ni es tampoco un proyecto de estructuras e instituciones que retengan verticalmente la autoridad, el control y el poder: lo decolonial no es un estado, estatus o condición fija, ni tampoco denota un punto de llegada. Ya hay, pues, con esto, una clara perspectiva en la que la superación de las limitaciones no debe ser entendida como un punto de llegada: no hay fase final en la que la verdadera religión, la relación científica de las personas con el mundo o el fundamento material de la vida humana se libren definitivamente de sus propias limitaciones –las formas no "desaparecen". Al contrario, y esto ayuda a hacer sentido de la enigmática frase que cierra el párrafo 16, la emancipación –como horizonte– solo será el resultado de un desarrollo histórico largo y tormentoso, un proceso-producto, me atrevo a decir, que no se detiene (aunque ciertos eventos así lo hagan parecer, v.g., no lo sé... una pandemia).
Dicho esto, rescato inescrupulosamente una parte precisa de mi lectura para afirmar una lectura del párrafo 16 por y para la emancipación: "La consolidación del proyecto crítico, cuyo horizonte es siempre la emancipación, debe ser práctica y cotidiana: la re-escritura diaria de El Capital como condición que des-hace previas condiciones..." Diciéndolo de nuevo con Walsh, pero no solo con ella sino con quienes ella teje, esta práctica cotidiana de re-escritura, por y para la decolonialización, viene desde abajo y por los bordes: comunitaria, colectiva y popular, desafiando, interrumpiendo y transgrediendo las matrices del poder colonial en sus prácticas de ser, pensar, hacer, crear y existir. La re-escritura de El Capital, como su denominación lo indica, es un proceso dinámico, siempre bajo construcción, siempre en obra negra, dada la permanencia y capacidad de reconfiguración de la colonialidad del capital. Con esto, se aclara el sentido del proceso-producto por y para el que se lucha: engendra movimiento, invita alianzas, conexiones y articulaciones, se es-fuerza creativa e inventivamente por sentimientos, horizontes y sentidos radicalmente otros.
El Capital, como el poema de Parra: nunca terminado y siempre interpelando lo que pueda ser.

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